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Thursday, January 17, 2008

Ungaretti: mio fiume anche tu

2.
Ora che pecorelle cogli agnelli
si sbandano stupite e, per le strade
che già furono urbane, si desolano;
ora che prova un popolo
dopo gli strappi dell'emigrazione,
la stolta iniquità
delle deportazioni;
ora che nelle fosse
con fantasia ritorta
e mani spudorate*
dalle fattezze umane l'uomo lacera
I'immagine divina
e pietà in grido si contrae di pietra;
ora che l'innocenza
reclama almeno un'eco,
e geme anche nel cuore più indurito;
ora che sono vani gli altri gridi
vedo ora chiaro nella notte triste.
Vedo ora nella notte triste, imparo,
so che l'inferno s'apre sulla terra
su misura di quanto
l'uomo si sottrae, folle,
alla purezza della tua passione.

Traducción literal:

2.
Hoy que las ovejas y los corderos
se desbandan súbitas y, por la calle
que alguna vez fue urbana, se desolan;
hoy que prueba un pueblo
después de las lágrimas de la emigración,
la necia iniquidad
de la deportación:
hoy que en las fosas
con fantasía retorcida
de manos ensuciadas*
en la fatuidad humana el hombre lacera
La imagen divina
de la piedad en llanto se contrae de piedra;
hoy que la inocencia
reclama al menos un eco
y gime aún en el corazón más endurecido;
hoy que son vanos todos los demás llantos
veo claramente en la noche triste.
Veo en la noche triste, comprendo,
que el infierno se abre en la tierra
en la medida en la que
el hombre se sustrae, demente,
a la pureza de tu pasión.

Traducción libre:

2.
Ya las ovejas y corderos
se desbandan súbitamente y, por la calle
que alguna vez fue urbana, se resbalan;
prueba un pueblo hoy
después de las lágrimas de la emigración,
la necia iniquidad
de la deportación:
hoy que en las fosas
con fantasía retorcida
y manos ensuciadas*
en la fatuidad humana el hombre lastima
la imagen divina
de la piedad de piedra que se contrae en llanto;
hoy que la inocencia
reclama al menos un eco
y gime aún en el corazón más endurecido;
hoy que son vanos todos los otros llantos
veo claramente en la noche triste.
Veo ya en la noche triste, comprendo,
que el infierno extiende en la tierra
su medida en cuanto
el hombre se excluye, demente,
de la pureza de tu pasión.

*spudorata. Es un vocablo que se relaciona, según advierto, directamente con el verbo escupir. Las manos escupidas son aquí el símbolo antitético de las manos clavadas al madero, que han sufrido la pasión, la muerte. Por tanto quise mantener el sentido de spudorata como sinónimo de 'sucio adrede' o 'voluntariamente sucio', como una suciedad que se adquiere conscientemente.
En italiano, verbos en infinitivo: espettorare, sputare.
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Wednesday, January 16, 2008

Ungaretti: mio fiume anche tu

3.
La piaga nel Tuo cuore
la somma del dolore
che va spargendo sulla terra l'uomo;
il tuo cuore è la sede appassionata
dell'amore non vano.
Cristo, pensoso palpito,
astro incarnato nell'umane tenebre,
fratello che t'immoli
perennemente per riedificare
umanamente l'uomo,
Santo Santo che soffri,
maestro e fratello e Dio che ci sai deboli,
Santo, Santo che soffri
per liberare dalla morte i morti
e sorreggere noi infelici vivi;
d'un pianto solo mio non piango più.
Ecco, Ti chiamo, Santo,
Santo, Santo che soffri.

Traducción literal:
3.
La herida en Tu corazón
la summa del dolor
que va esparciendo el hombre sobre la tierra;
tu corazón es la sede apasionada
del amor no vano.
Cristo, pensante pálpito,
astro encarnado en la humana tiniebla,
hermano que te inmolas
perennemente para reedificar
humanamente al hombre,
Santo Santo que sufre
maestro y hermano y Dios que se hace débil,
Santo, Santo que sufre
para librar de la muerte a los muertos
y sostenernos [a los] infelices vivos;
de un llanto solo mío que ya no lloro más.
Bien, Te llamo, Santo,
Santo, Santo que sufre.

Traducción libre:

3.
La herida en Tu corazón
la summa del dolor
que sobre la tierra va esparciendo el hombre;
es tu corazón la sede apasionada
del amor no vano.
Cristo, pálpito pensante,
astro encarnado en la tiniebla humana,
hermano que te inmolas
perennemente para rehacer
humanamente al hombre,
Santo, Santo que sufre
para librar de la muerte a los muertos
y los vivos infelices sostener;
no lloro más este lamento sólo mío.
Te llamo, por eso: Santo,
Santo, Santo que sufre.

Mr. Greg.
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Friday, February 16, 2007

Próximo ejercicio: Ungaretti [Cuídenme los dioses!]

Mio fiume anche tu

 1.
Mio fiume anche tu, Tevere fatale,
ora che notte già turbata scorre
ora che persistente
e come a stento erotto dalla pietra
un gemito d'agnelli si propaga
smarrito per le strade esterrefatte;
che di male l'attesa senza requie,
il peggiore dei mali,
che l'attesa di male imprevedibile
intralcia animo e passi;
che singhiozzi infiniti, a lungo rantoli.
Agghiacciano le case tane incerte;
ora che scorre notte già straziata,
che ogni attimo spariscono di schianto
o temono l'offesa tanti segni
giunti, quasi divine forme, a splendere
per ascensione di millenni umani
ora che già sconvolta scorre notte,
e quanto un uomo può patire imparo;
ora, ora, mentre schiavo
il mondo d'abissale pena soffoca;
ora che insopportabile il tormento
si sfrena tra i fratelli in ira a morte;
ora che osano dire
le mie blasfeme labbra:
"Cristo, pensoso palpito,
perché la tua bontà
si è tanto allontanata?".
2.
Ora che pecorelle cogli agnelli
si sbandano stupite e, per le strade
che già furono urbane, si desolano;
ora che prova un popolo
dopo gli strappi dell'emigrazione,
la stolta iniquità
delle deportazioni;
ora che nelle fosse
con fantasia ritorta
e mani spudorate
dalle fattezze umane l'uomo lacera
I'immagine divina
e pietà in grido si contrae di pietra;
ora che l'innocenza
reclama almeno un'eco,
e geme anche nel cuore più indurito;
ora che sono vani gli altri gridi
vedo ora chiaro nella notte triste.
Vedo ora nella notte triste, imparo,
so che l'inferno s'apre sulla terra
su misura di quanto
l'uomo si sottrae, folle,
alla purezza della tua passione.
3.
La piaga nel Tuo cuore
la somma del dolore
che va spargendo sulla terra l'uomo;
il tuo cuore è la sede appassionata
dell'amore non vano.
Cristo, pensoso palpito,
astro incarnato nell'umane tenebre,
fratello che t'immoli
perennemente per riedificare
umanamente l'uomo,
Santo Santo che soffri,
maestro e fratello e Dio che ci sai deboli,
Santo, Santo che soffri
per liberare dalla morte i morti
e sorreggere noi infelici vivi;
d'un pianto solo mio non piango più.
Ecco, Ti chiamo, Santo,
Santo, Santo che soffri.
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Wednesday, December 20, 2006

Pierio Valeriano y ¿un modismo?

"En el artículo: “Ora un principal geroglifico appresso gli Egiziani era questo del cervo, che volendo significare questa cecità di giudizio dipingevano il cervo allettato dalla zampogna, accioché se cotali lacci ne fosser tesi, sapesse l’uomo d’ingegno quello che dovesse principalmente fuggire”.
En el original: “Præcipuum verò Cerui effe hieroglyphicu~ apud Aegyptios, vt fi hanc iudicij captiuitate~ indicare vellent, Ceruu~ fiftula illectu~ pingerent: vt fi quæ huiufmodi tendiculæ pararentur, haberet fcitus homo quod fibi proponerte præcipuè fugiendum”. "

Traduje en el texto:

“Ya uno de los principales jeroglíficos y más apreciados por los egipcios era el del ciervo, que cuando querían significase la ceguera de juicio, dibujaban con una zampoña, para que preparando las tiendas, supiese el hombre de ingenio aquello de lo que primeramente debía alejarse” (Savarese-Gareffi, pp. 92-93) .

La frase: "ut fi quæ huiufmodi tendiculæ pararentur" ofrece un problema de traducción que intenté resolver por analogía. La frase entera nos habla de ciervos que eran dibujados con zampoñas, o flautas de carrizo atadas en grupos. El uso de tales flautas era más que nada en ocasiones en que era necesaria una demostración extraordinaria de júbilo, pensemos en alguna actividad popular, como una fiesta o carnaval. Intuyo que el uso de este instrumento era con la intención de causar el mayor ruido posible, aunque fuese 'ruido musical'. En el caso del símbolo del ciervo, escurridizo por naturaleza, y veloz, cambiaría su carácter primero de ser escurridizo y precavido por el de heraldo, nuncio de peligros. El hombre de ingenio, es decir, aquel que concede preeminencia a la razón sobre la pasión, alcanza con el paso del tiempo un estado de tranquilidad y seguridad, que le hacen 'instalarse', en una situación determinada. De allí que, 'preparando las tiendas' tenga precisamente el sentido de movimiento con causas externas, es decir, movimiento debido al anuncio de la llegada de fuerzas contrarias al estado actual de las cosas. El hombre de ingenio, por tanto, sabe interpretar [debería saber interpretar] los signos, siendo el de la zampoña tocada por un ciervo, el indicador de un peligro del que resultaría lo más pertinente alejarse de inmediato.

Lo curioso de la sintaxis me hizo pensar que se trata, efectivamente, de un modismo rescatado de alguna lectura o tradición hoy oscuras, por Pierio Valeriano.

Greg.

P. S.: Ni qué decir que me fuí directamente al original, en latín, brincándome la traducción del texto que hizo F. Calitti. Resulta igual de oscuro en italiano: "accioché se cotali lacci ne fosser tesi" es una frase que todavía me resulta imposible traducir.
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Pierio Valeriano por Floriana Calitti

Es una de las obsesiones [y razones] para que no me olvide del latín que comencé a balbucear en 1989. Con el deseo de compartir con los interesados algunas noticias que he ido recopilando a lo largo de los últimos 14 años, comencé un pequeño espacio en geocities, que se puede consultar en este enlace:

http://www.geocities.com/gregorovivs/pierio/pierioresourcecenter.htm

Allí traduje una nota de Floriana Calitti.

El original puede consultarse en:

http://www.italica.rai.it/rinascimento/cento_opere/valeriano_hieroglyphica.htm

Gli Hieroglyphica di Valeriano (il titolo completo dice: "Geroglifici, ossia commentari sulle sacre lettere degli Egiziani e di altri popoli"), vera enciclopedia antiquaria di immagini simboliche in cinquantotto libri, hanno una storia editoriale tormentata: pubblicati per la prima volta a Basilea presso Michele Isingrino nel 1556, con dedica a Cosimo de’ Medici, sono di nuovo stampati nel 1567, ancora a Basilea (presso Tommaso Guarino), in una versione accresciuta di due libri di più evidente ispirazione neoplatonica, composti da Celio Agostino Curione, figlio del celebre umanista erasmiano Celio Secondo. L’opera, con l’appendice di Curione, divenuta ormai inseparabile dal testo originario, ebbe una diffusione amplissima tra il Cinquecento e il Seicento, e fu più volte ripubblicata, tradotta in italiano, francese, tedesco (circa 34 edizioni nelle varie lingue).
Particolarmente fortunata la traduzione italiana a opera di alcuni letterati senesi e Accademici Intronati, come Bellisario Bulgarini (secondo libro) e Scipione Bargagli (quarto libro), edita a Venezia presso Giovanni Antonio e Giacomo de’ Franceschi nel 1602, con il titolo di Ieroglifici overo commentari delle occulte significazioni degli Egizzi e d’altre nationi. Il mutato clima spirituale e culturale impose, però, significative modifiche al testo: il nome del dedicatario del secondo libro di Agostino Curione, l’eterodosso Theodor Zwinger, fu infatti sostituito dall’ "eccellentissimo medico e filosofo" Agostino Gadaldino. Manca una edizione moderna dei Hieroglyphica: alcuni brani sono antologizzati nell’antologia curata da Gennaro Savarese e Andrea Gareffi, La letteratura delle immagini nel Cinquecento, Roma, Bulzoni, 1980.
Il lento ma costante crescere e costituirsi del corpus iconologico di Valeriano si lega all’interesse diffuso, negli ambienti culturali neoplatonici, per gli Hieroglyphica di Orapollo editi per la prima volta a Venezia nel 1505 da Aldo Manuzio. L’ideazione ed elaborazione dell’opera avvenne in gran parte nella Curia romana, dove l’autore visse gli anni decisivi delle sue scelte e dei suoi progetti letterari, tra il 1510 e il 1530. Sono presenti, infatti, diversi accenni alla cabala e al ruolo di iniziatore e maestro che svolse a Roma in questa disciplina il cardinale agostiniano Egidio da Viterbo. La stessa interpretazione simbolica delle favole antiche, custodi di una sapienza riposta, come il mito di Orfeo divenuto immagine di Cristo, viene elaborata da Pierio Valeriano sul fondamento dell’ermetismo di Egidio.
Ogni libro degli Hieroglyphica, introdotto da una lettera di dedica a un personaggio di rilievo della cultura contemporanea, svolge una trattazione organica sul significato simbolico di oggetti, pietre, piante, animali, figure geometriche, numeri, attributi mitologici, espressioni dell’uomo e fenomeni della natura, opportunamente scelti in relazione al dedicatario.
A Egidio da Viterbo, a esempio, è indirizzato il libro XVII, relativo alla cicogna, simbolo di pietà e vigilanza; a Achille Bocchi il VII, sul cervo, nel quale riallacciandosi ad una discussione avuta proprio con Bocchi su quella specie di uomini che invece di apprezzare gli amici sinceri è piuttosto sensibile agli adulatori, scrive: "Ora un principal geroglifico appresso gli Egiziani era questo del cervo, che volendo significare questa cecità di giudizio dipingevano il cervo allettato dalla zampogna, accioché se cotali lacci ne fosser tesi, sapesse l’uomo d’ingegno quello che dovesse principalmente fuggire" (Savarese-Gareffi, pp. 92-93). Ancora: a Iacopo Sannazaro è dedicato il libro XX sulla fenice, con una interessante allusione all’immortalità della poesia latina; a Sadoleto il XXI, sullo sparviero simbolo della rapacità che dilaga in tutta Europa, ma che colpisce la corte pontificia in particolare; a Vittoria Colonna il XXII, sulla colomba, simbolo di vedovanza fedele; ad Angelo Colocci il XXIII, sul cigno, che, secondo il mito di Er, nella repubblica platonica, è l’animale in cui si reincarna Orfeo, e quindi diviene metafora di canto poetico.
Nel dare sistemazione organica a un vastissimo materiale, attinto dai più disparati campi, Valeriano mirava a creare un linguaggio costituito di sole immagini, confondendo il significato del geroglifico egizio con quello del simbolo, in senso morale o emblematico. Nella sua sintesi enciclopedica rivivono le pagine di Orapollo accanto alle opere naturalistiche, storiche e geografiche di Aristotele, Eliano, Solino, Pausania, Plinio il Vecchio. Lo sforzo combinatorio dell’umanista sembra voler unire, in un vero e proprio universo simbolico fittizio, tutto il mondo antico da Theuth a Claudiano, da Ermete Trismegisto a sant’Agostino, mediante un "discorso muto da concepirsi con la mente attraverso le immagini delle cose" ("mutam quandam orationem per rerum imagines mente concipiendam").
La fortuna dell’opera si iscrive all’interno dell’enorme sviluppo che la letteratura e teoria delle immagini ebbe nel corso del secolo (una particolare diffusione con la trattatistica legata alle imprese e agli emblemi), divenendo veicolo straordinariamente veloce ed efficace di problematiche religiose, morali e politiche.
Un’attenzione particolare aveva meritato da Erasmo l’"aenigma sententiae" ("l’enigma dell’espressione"): « Se qualcuno conosceva e penetrava profondamente le proprietà delle singole cose, l’essenza e natura particolare di ciascun animale, costui alla fine, messe insieme le congetture di quei simboli, coglieva il senso segreto dell’espressione» (Erasmi Roterodami, Proverbiorum, Ferrariae, 1514, p. 154).

Floriana Calitti

Los Hieroghlyphica de Valeriano (el título completo reza: “Jeroglíficos, o comentarios sobre las letras sagradas de los Egipcios y de otros pueblos”), verdadera enciclopedia de antigüedades en cincuenta y ocho libros, tienen una tortuosa historia editorial: publicados por primera vez en Basilea por Michele Isingrino en 1556 y dedicados a Cosme de Médicis, fueron impresos nuevamente en 1567, también en Basilea (por Tomás Guarino), en una versión aumentada con dos libros de evidente inspiración neoplatonica, compuestos por Celio Agostino Curione, hijo del célebre humanista erasmiano Celio Secondo. La obra, con el apéndice de Curione que se tornó inseparable del texto original, tuvo una difusión amplísima en el Cinquecento y el Seicento, y fue reimpresa con frecuencia, mayormente traducida al italiano, francés, tudesco (alrededor de 34 ediciones en varias lenguas).
Particularmente afortunada fue la traducción italiana de la obra por algunos literatos sieneses pertenecientes a los Accademici Intronati, como Belisario Bulgarini (segundo libro) y Giacomo d’ Franceschi en 1602, con el título de “Ieroglifici overo commentari delle occulte significazioni degli Egizzi e d’altre nationi”. Se impuso el ambiente cambiante espiritual y cultural, que modificó el texto significativamente: el nombre del destinatario del segundo libro de Agostino Curione, el heterodoxo Theodor Zwinger, fue por esa causa sustituido por el del “excelentísimo médico y filósofo” Agostino Gadaldino. Carecen los Hieroglyphica de una edición moderna: algunos fragmentos han sido incluidos en la antología al cuidado de Gennaro Savarese y Andrea Gareffi, La letteratura delle immagini nel Cinquecento, Roma, Bolzani, 1980.
El crecimiento lento aunque constante del establecimiento del corpus iconográfico de Valeriano se liga al interés difuso, en el ambiente cultural neoplatónico, por los Hieroglyphica de Horapollo editados por vez primera en Venecia en 1505 por Aldo Manucio. La idea y elaboración de la obra se produjo en parte en la Curia romana, donde el autor vivió los años decisivos de sus obras y proyectos literarios, entre 1510 y 1530. También estuvieron presentes en ese tiempo sus diversas aproximaciones a la cábala, bajo el cardenal agustiniano Egidio de Viterbo, quien se había vuelto un maestro de esta disciplina en Roma, asumiendo el rol de iniciador. La misma interpretación simbólica de las fábulas antiguas, guardianas de una sabiduría rescatada, como el mito de Orfeo representando la imagen de Cristo, fue abordada por Piero Valeriano sobre el fundamento del hermetismo de Egidio.
Todos los libros de los Hieroglyphica comienzan con una carta introductoria dedicada a un personaje relevante en la cultura contemporánea, seguida de un tratado orgánico sobre el significado simbólico de los objetos, piedras, plantas, animales, figuras geométricas, números, atributos mitológicos, expresiones de los hombres y fenómenos de la naturaleza, oportunamente elegidos en relación al destinatario.
A Egidio de Viterbo, por ejemplo, le es dedicado el libro XVII, relativo a la cigüeña, símbolo de piedad y vigilancia; a Achilles Bocchi el VII, sobre el ciervo, en el cual, remitiéndose a una discusión tenida con el propio Bocchi sobre aquella especie de hombres que en lugar de apreciar a los amigos sinceros son más sensibles a los aduladores, escribe: “Ya uno de los principales jeroglíficos y más apreciados por los egipcios era el del ciervo, que cuando querían significase la ceguera de juicio, dibujaban con una zampoña, para que preparando las tiendas, supiese el hombre de ingenio aquello de lo que primeramente debía alejarse” (Savarese-Gareffi, pp. 92-93). Así, a Jacopo Sannazo dedicó el libro XX sobre el fénix, con una interesante alusión a la inmortalidad de la poesía latina; a Sadoleto el XXI, sobre el azor símbolo de la rapacidad que cubría toda Europa, por más que se culpase de ello a la corte pontificia en particular, a Vittoria Colonna el XXII, sobre la paloma, símbolo de fiel introspección; a Angelo Colocci el XXIII, sobre el cisne, que, según el mito de Er, en la república platónica, fue el animal en el que reencarnó Orfeo, deviniendo así en metáfora del canto poético.
Al dar una organización sistemática a material tan vasto atendiendo a los campos más diversos, Valeriano apuntaba a la creación de un lenguaje constituido tan sólo por imágenes, confundiendo el significado del jeroglífico egipcio con los símbolos, en el sentido moral o emblemático. En su síntesis enciclopédica reavivó las páginas de Horapollo reuniendo las obras naturales, históricas y geográficas de Aristóteles, Eliano, Solino, Pausanias, Plinio el Viejo. El esfuerzo combinatorio del humanista parece querer conjuntar, en un auténtico y propio universo simbólico y artificial, todo el mundo antiguo, de Toth a Claudiano, de Hermes Trismegisto a San Agustín, mediante un “discurso mudo concebido en la mente a través de las imágenes de las cosas” (“mutam quandam orationem per rerum imagines mente concipiendam”).
La fortuna de esta obra se inscribe dentro del enorme desarrollo que la literatura y la teoría de las imágenes tuvieron en el curso del siglo (una difusión particular con los tratados ligados a las empresas y los emblemas), transformándose en un vehículo extraordinariamente veloz y eficaz de los problemas religiosos, morales y políticos.
Particular atención ameritó en Erasmo el “enigma sententiae” (“El enigma de la expresión”): «Si alguno conoce y penetra profundamente en la propiedades de las cosas singulares o en la esencia de la naturaleza particular de un animal cualquiera, podrá al fin, perdido en la conjetura de aquellos símbolos, alcanzar el sentido secreto de la expresión» (Erasmo de Rotterdam, Proverbiorum, Ferrariae, 1514, p. 154).

Floriana Calitti

Traducción libre al español por:
J. Francisco A. Elizalde
Julio, 2006.


En el artículo: “Ora un principal geroglifico appresso gli Egiziani era questo del cervo, che volendo significare questa cecità di giudizio dipingevano il cervo allettato dalla zampogna, accioché se cotali lacci ne fosser tesi, sapesse l’uomo d’ingegno quello che dovesse principalmente fuggire”.
En el original: “Præcipuum verò Cerui effe hieroglyphicu~ apud Aegyptios, vt fi hanc iudicij captiuitate~ indicare vellent, Ceruu~ fiftula illectu~ pingerent: vt fi quæ huiufmodi tendiculæ pararentur, haberet fcitus homo quod fibi proponerte præcipuè fugiendum”.
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